| Entrevista con la Escuela de Cultura de Paz |
|
Entrevista con la Escuela de Cultura de Paz* “Entender que los conflictos armados y las situaciones de represión no sólo afectan a la población de los países que los sufren, sino que afecta a todo el mundo, es imprescindible para que los Gobiernos y los ciudadanos reconozcan que la paz es una responsabilidad de todos” Normal 0 21 false false false ES X-NONE X-NONE MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:"Calibri","sans-serif"; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-theme-font:minor-fareast; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; mso-bidi-theme-font:minor-bidi;} Ambivalente. Así describe la Escuela de Cultura de Paz la situación actual de la paz en el mundo. ¿El motivo? El abismo que existe entre el plano teórico y el práctico. Y es que para la Escuela- creada en 1999 con el propósito de trabajar por la cultura de paz, los derechos humanos, el análisis de conflictos y de los procesos de paz, la educación para la paz, el desarme y la prevención de los conflictos armados- si, por un lado, el discurso de la construcción de la paz ya está institucionalizado tal y como demuestran la aprobación de importantes instrumentos internacionales en los últimos años o la existencia de espacios de diálogo, formales o no, en la mayoría de conflictos en curso, por otro, los resultados siguen siendo difusos. Prueba de ello son los 29 conflictos y las 83 situaciones de tensión que -según el último Barómetro publicado por la Escuela de Cultura de Paz- están en marcha en la actualidad. A las dificultades para abordar y transformar la violencia, se suma el difícil reto de lograr que los compromisos formales con la construcción de paz por parte de los diversos actores se hagan efectivos. “Gobiernos y ciudadanos deben reconocer que la paz es una responsabilidad de todos”, señalan. Contexto general -El 21 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Paz. ¿Qué diagnóstico harían de la situación actual? -El balance es ambivalente, en gran parte por el abismo entre el plano formal y el práctico. Por una parte, el discurso de la construcción de la paz ya está institucionalizado y continúa respaldándose o ampliándose. Muestra de ello son la aprobación de importantes instrumentos internacionales en los últimos años- como la Resolución 1325 de Mujeres, Paz y Seguridad o el Tratado Internacional para la Prohibición de las bombas de dispersión-, el incremento constante en cifras de efectivos en misiones de mantenimiento y construcción de paz o la existencia de espacios de diálogo, formales o no, en la mayoría de conflictos en marcha. Todo esto es positivo, puesto que reafirma un horizonte común, el de paz, deslegitimando la vía de la violencia. No obstante, los resultados son difusos, tanto por las dificultades de abordar y transformar la violencia (fragmentación de los actores armados, causas de fondo de la violencia, impacto en la población civil, etc.) como por el difícil reto de hacer efectivos los compromisos formales con la construcción de la paz por parte de los diversos actores, ya sean gobiernos individuales, organismos intergubernamentales, partes contendientes o países donantes, entre otros. -Con 29 conflictos en marcha y 83 situaciones de tensión que existen en el mundo, ¿hay motivos para el optimismo? -Una mirada estática sobre los conflictos y tensiones actuales no deja mucho margen para el optimismo. Primero, en términos estrictamente cuantitativos, aproximadamente un tercio de los países del mundo albergan en su interior uno o varios escenarios de guerra o de tensión. Segundo, buena parte de los conflictos armados actuales son muy prolongados y llevan varios décadas activos (Myanmar, Colombia, Filipinas, Sudan, India, Turquía, Uganda, etc), lo que pone de relieve las enormes dificultades o la escasa voluntad política para su resolución. En este sentido, cabe destacar que la media de duración de los conflictos armados actuales supera los 17 años. Tercero, en paralelo a la continuación de conflictos tan longevos, el número de nuevos conflictos que estallan o se hacen visibles sigue siendo muy alto, como así lo evidencian los casos recientes de Chad, RCA, la región sudanesa de Darfur, Afganistán, Iraq, Tailandia, Yemen, la región rusa de Ingushetia, etc. Cuarto, buena parte de los contextos de conflicto o tensión tienen una nula o escasa presencia en los medios de comunicación y en la agenda política internacional, relegándoles al olvido, alentando la impunidad e hipotecando las posibilidades de resolución del conflicto. Quinto, la mayoría de las víctimas de los conflictos armados es población civil, que padece fenómenos como el desplazamiento forzado, la violencia sexual como arma de guerra, la extorsión o la destrucción sistemática de cosechas. Sin embargo, si contemplamos la situación actual con cierta perspectiva histórica, entonces tal vez sí existen mayores motivos para el optimismo. Primero, porque el número de conflictos armados se ha reducido significativamente desde el fin de la guerra fría, aunque tal disminución es superior durante los años noventa que no durante la década actual. Segundo, porque la letalidad de los conflictos se ha reducido drásticamente desde el fin de la segunda guerra mundial, principalmente porque la práctica totalidad de los conflictos actuales son internos y se libran básicamente con armamento ligero, mientras que algunos de los conflictos armados de la guerra fría fueron interestatales e involucraron ejércitos y armamento pesado de dos o más países. Tercero, porque el número de disputas bélicas que finalizan es superior al número de nuevos conflictos que estallan y se visibilizan, lo que explica la paulatina reducción en el número total de conflictos. Cuarto, porque en más del 80% de los conflictos actuales existen negociaciones de paz oficiales o en exploración, lo cual incrementa las posibilidades de final negociado de la violencia. Quinto, porque la proporción de conflictos que finalizan con acuerdo de paz se ha incrementado exponencialmente respecto de aquellos que finalizan con victoria militar. Sexto, porque desde el fin de la guerra fría se han incrementado notablemente las actividades de prevención y resolución de conflictos y de mantenimiento y construcción de la paz, tanto por parte de Naciones Unidas como por parte de organizaciones de la sociedad civil. -¿Qué caracteriza a los conflictos en el nuevo milenio? -Los conflictos hoy en día son mayoritariamente de carácter interno internacionalizado, es decir, suceden en el interior de un Estado en una región concreta, aunque tienen un impacto regional y una influencia internacional por la red de actores locales, regionales e internacionales que participan en un mayor o menor grado. Tienen lugar en Estados ausentes o desintegrados, cuestión que fomenta la creación de estructuras paralelas de gobernabilidad, lo que se ha denominado por diversos autores como complejos políticos emergentes. Hay una importante multiplicidad de actores enfrentados que crean unas redes de relaciones entre ellos y en relación a su participación en estos conflictos. Además, las causas que explican el origen de estos conflictos son diversas. La población civil es la principal víctima y objetivo en estos conflictos, aunque el ratio de muertes de civiles y de militares difiere según los contextos. Sin embargo, estos conflictos provocan grandes desplazamientos de población civil y creación o agudización de crisis humanitarias. Hay una importante presencia de armas ligeras en circulación sin ningún tipo de control, que forman parte de una economía de guerra globalizada donde la explotación de recursos naturales en algunos casos se encuentra en el origen de los conflictos armados y en otros alimenta o incentiva conflictos ya existentes, financiando el comercio de armas a escala internacional. -¿Es importante dar visibilidad a todos los conflictos? ¿Qué papel juegan los medios de comunicación en la construcción de paz? -Es innegable que los conflictos constituyen uno de los criterios de selección temática en los medios de comunicación. Ante esta evidencia, lo relevante es el tipo de cobertura informativa: una que enfatice el terreno de la confrontación, centrada sólo en los efectos visibles de la violencia y que cambia su foco de atención apenas se reducen los enfrentamientos puede ser muy diferente a una cobertura que explore los orígenes del conflicto, que dé voz a todas las partes, que atienda también a los efectos invisibles de la violencia, que subraye las iniciativas de paz y destaque los procesos de reconstrucción y reconciliación. Los medios de comunicación tienen la capacidad de inflamar un conflicto, convertirse en instrumento de estrategias destructivas y propagar mensajes de intolerancia y odio; y en este sentido la experiencia de Radio Televisión Libre de Mil Colinas, en Rwanda, y de la prensa durante el conflicto en Bosnia son dos casos representativos y recientes de cómo los medios pueden contribuir a la escalada de violencia. No obstante, un periodismo profesional tiene el potencial para ayudar a la restauración del diálogo político, favorecer procesos de reconciliación y permitir que las personas adopten decisiones bien informadas. Los medios tienen un potencial para reducir las percepciones equivocadas, y si la violencia se acentúa por la ignorancia y la incomprensión, la información, el conocimiento y la comunicación pueden ser útiles para contribuir al establecimiento de una paz sostenible y duradera. -¿Existe una relación directa entre la pobreza y los conflictos armados? -La pobreza podría definirse como un tipo de violencia estructural en los casos en los que las personas no tienen acceso, de manera persistente, a medios de vida y recursos para el desarrollo de sus capacidades. En algunos casos, la incapacidad o la actuación deliberada de un Gobierno llevan a que los ciudadanos carezcan de los medios que les permitan tener una vida digna. Ante la percepción de incapacidad para desarrollar un futuro mejor, de prosperar, la respuesta puede ser la violencia armada, pero también puede ser la construcción de redes de apoyo o el surgimiento de propuestas políticas pacíficas que logren transformar la realidad. Lo cierto es que los conflictos armados generan aún más pobreza y que, en la mayoría de los casos, los acuerdos de paz sólo conducen a un reparto del poder político y económico entre el Gobierno y la insurgencia, lo que pocas veces significa un cambio real en la estructura económica del país y la apertura de nuevas posibilidades para el conjunto de la población. Cambiar las causas estructurales de un conflicto, ya sea armado o no, es la única opción para lograr una paz sostenible y positiva para todos. -¿Cómo puede el sector privado contribuir a la resolución de conflictos? -El papel del sector privado en diversos aspectos de la resolución de conflictos y de la construcción de paz ha recibido recientemente una creciente atención. Esto es debido a varios factores. En primer lugar, el sector privado, nacional o extranjero, está a menudo presente en contextos de conflicto armado y expuesto a sus riesgos e impactos, lo que le obliga a actuar de una determinada manera. En segundo lugar, la empresa tiene capacidades (humanas, de gestión y técnicas, entre otras) para intervenir en estos contextos de diferentes formas. En tercer lugar, la llamada “privatización de la paz” se produce en un contexto de creciente privatización de servicios y funciones que se encontraban tradicionalmente en la esfera del Estado o de la comunidad internacional. Se debe además considerar finalmente que los llamados “Estados frágiles” son a menudo incapaces de proveer con servicios esenciales a algunos sectores de su población en algunas áreas geográficas importantes, dejando al sector privado el desempeño de este rol. Éste, que puede ir desde su participación tanto en cuestiones a nivel macro (como la facilitación o el apoyo a las negociaciones de paz) como en aspectos relativos al nivel micro de la construcción de paz (dando respuesta a cuestiones en la esfera económica tales como el empleo o tendiendo puentes entre comunidades o grupos divididos), refuerza la idea de que la construcción de la paz va más allá del acuerdo político e implica necesariamente la generación a medio plazo de modos de vida sostenibles para la mayoría de los actores implicados en el conflicto armado con el objetivo de asegurar una paz duradera. -Una de las críticas más unánimes a la comunidad internacional es la escasez de Estados que comprometen a su diplomacia en la consecución de la paz. ¿Se echa en falta un compromiso mayor en la prevención de los conflictos y la resolución de los problemas de fondo? -Mantener los vínculos económicos y político-estratégicos bilaterales entre Estados, en muchas ocasiones, tiene más peso que la construcción de paz. La capacidad de cada país para presionar a otro, en función de su agenda interna, puede ser limitada. Es difícil que un Gobierno quiera comprometer la estabilidad económica o la seguridad de su país en virtud de la paz en un tercero. Los ciudadanos deberían ser los primeros en exigir a sus países que tomen cartas en el asunto, pero serían también los primeros en protestar y demandar responsabilidades si la actuación de su Gobierno en el escenario internacional lleva a disminuir el número de contratos económicos y, por lo tanto, a la pérdida de puestos de trabajo. Entender que los conflictos armados y las situaciones de represión no sólo afectan a la población de los países que los sufren, sino que afecta a todo el mundo, es imprescindible para que los Gobiernos y los ciudadanos reconozcan que la paz es una responsabilidad de todos. En cuanto a la resolución de los problemas de fondo, es decir, cambiar las estructuras que generan pobreza y desigualdad, esa debería ser la finalidad de todos los procesos de paz. Cambiar estas estructuras no es únicamente responsabilidad del país en guerra, es una tarea de reconfiguración global, en la que debe existir una voluntad política mundial por lograr que la seguridad humana sea una realidad universal. Desarme -La tendencia general en el ciclo armamentista fue la reafirmación de la escalada en materia de gasto y producción militar a niveles superiores a la Guerra Fría. Los discursos en pro de la paz de los estados no se corresponden con la realidad. -Es necesario distinguir entre, por un lado, alegatos en pro de la paz y, por el otro, análisis históricos o geopolíticos. En efecto, la predicción de un “dividendo de la paz” al finalizar la Guerra Fría finalmente no se ha cumplido. Hay que reflexionar sobre dónde erró el análisis, si se confundieron los deseos con la realidad. O si los conceptos utilizados para dar explicación al ciclo armamentista (por ejemplo, la competitividad entre superpotencias) no fueron los adecuados. En el futuro, los análisis sobre los que se basan las propuestas de desarme deberán ser más objetivos y realistas. -¿Afectan las transferencias ilícitas e irresponsables de armas ligeras a la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio? ¿Cómo? -La transferencia ilícita de armas tiene dos efectos, indirectos, sobre los ODM. El primero es facilitar la violencia armada que, a su vez, tiene múltiples y evidentes consecuencias negativas sobre el desarrollo humano y social. El segundo es el desvío de recursos (sobre todo estatales) para el desarrollo hacia la compra de armas. Es decir, los efectos son similares a los del comercio de armas legal o el militarismo en general. Si algunos se esfuerzan en evidenciar la conexión entre el tráfico de armas y los ODM, es para establecer los ODM como uno de los criterios a seguir en la regulación del comercio de armas. -¿Qué supone el nuevo estatus jurídico del Código Conducta de la UE sobre el control de exportaciones de armas? -Como Posición Común, el antiguo Código de Conducta se convierte en vinculante. Las violaciones de estas normas constituyen transgresiones de legislación comunitaria, cuando antes sólo lo eran de unas recomendaciones a nivel europeo o, en ciertos casos, de legislación nacional. En la práctica, el efecto que tenga dependerá de la firmeza con que se supervise su cumplimiento. Pero ya es un avance en sí al tratarse de una norma a nivel regional, dado que los instrumentos para el control del comercio de armas, para ser efectivos, deben que ser creados y ejecutados a través de la cooperación entre países. -¿Creen que pronto será posible la aprobación de un tratado Internacional sobre Comercio de Armas? La previsión actual es que el Tratado Internacional sobre Comercio de Armas sea aprobado durante la Asamblea General de Naciones Unidas en 2011 o 2012. Más allá de ver si se cumple tal calendario, lo realmente importante será el contenido del tratado. -El 12 de septiembre de 2008, representantes de 85 países se reunieron en Ginebra para reafirmar su compromiso con la Declaración de Ginebra sobre Violencia Armada y Desarrollo, aprobada en 2006 por unos cuarenta países y firmada hasta la fecha por 94 países. Según su informe Alerta 2009 , supone una de las 10 oportunidades de paz que existen este año. ¿En qué sentido? -La Declaración de Ginebra es una oportunidad para la paz en tres sentidos. En primer lugar, porque es una de las primeras ocasiones en las que se reconoce y documenta el coste humano, social y económico de la violencia armada. Un informe asociado a la mencionada Declaración advierte que la violencia armada provoca cada año la muerte de unas 740.000 personas, 250.000 en contextos de conflicto armado y otras 490.000 en contextos no bélicos pero aquejados de altas tasas de violencia. En segundo lugar, porque vincula la reducción de la violencia armada a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de tal modo que dicha reducción no es una simple declaración de intenciones sino que queda sujeta a planes de acción y objetivos cuantificables. En tercer lugar, porque por vez primera la reducción (y por tanto la gestión) de la violencia armada, una cuestión históricamente sensible para los Estados, pasa a formar parte de la agenda internacional. En este sentido, cabe destacar que a finales de 2008 la Asamblea General ya aprobó una resolución en la que se insta al Secretario General a informar periódicamente sobre los avances de los Estados en la reducción de la violencia armada. - ¿Qué echan en falta en esta declaración? ¿Es suficiente? - Varios Estados que sufren un conflicto armado no han firmado la Declaración. Además, ésta no prevé mecanismos vinculantes para el cumplimiento de los contenidos de la Declaración, tal y como sucede en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Así las cosas, la comunidad internacional incentiva y supervisa los avances de los Estados respecto de una cuestión concreta, en este caso la reducción de la violencia armada, pero una vez más dichos progresos dependen en última instancia de la voluntad política de los Estados. Negociaciones y Justicia Transicional -Según su último informe Alerta 2009!, 2 de cada 3 conflictos acaba en una mesa de negociación. En total, el análisis de 70 procesos de negociación permitió constatar que 58 de ellos (83%) tienen abiertos diálogos o negociaciones formales de paz. Sin embargo, las dificultades para avanzar son todavía numerosas. El 30% de las negociaciones han ido bien o han terminado de forma satisfactoria; en un porcentaje similar las negociaciones han ido mal, y en un 40% de los casos ni siquiera ha existido la posibilidad de iniciar un acuerdo. ¿Cuáles son las causas más comunes del fracaso de las negociaciones? -Los motivos de crisis suelen repetirse año tras año. Los más frecuentes tienen que ver con el modelo o proceso negociador- como, por ejemplo, la desconfianza o rechazo hacia algunos mediadores o divergencias fundamentales con respecto a los temas de la agenda, especialmente cuando alguna parte plantea precondiciones- , pero también con el contexto de violencia en el que a menudo transcurren las negociaciones- existencia de combates en paralelo al proceso, violaciones de alto el fuego- o con la situación interna de los actores implicados como las escisiones en los grupos armados. Otros factores también muy frecuentes o frecuentes incluyen las tensiones con países vecinos, el incumplimiento de los acuerdos previos, las dificultades para formar un Gobierno de coalición, la existencia de listas terroristas, el estallido de crisis políticas internas, las exigencias previas de altos el fuego, desarmes o amnistía, la intervención de fuerzas militares extranjeras o la detención de líderes o intermediarios de los grupos armados. Éstos son los factores más frecuentes que hemos identificado, si bien existen muchos otros motivos de crisis. El hecho de que se manifiesten de manera recurrente debería llevar a los actores involucrados en la promoción de la paz a adoptar las medidas pertinentes para intentar anticiparse a las crisis. -Las mujeres no suelen participar en las negociaciones de paz. ¿Por qué sucede esto? ¿Hay visos de cambio? -Las personas que participan directamente en las negociaciones de paz suelen ocupar cargos de decisión en los ámbitos político, diplomático y militar, ámbitos en los que la participación y representación de las mujeres continúa siendo muy restringida. El acceso de la sociedad civil a las negociaciones de paz, sector en el que las mujeres sí cuentan con una participación más destacada, es muy limitado, lo que dificulta esta participación de las mujeres. La falta de voluntad política real dificulta que se estén haciendo esfuerzos reales para lograr una mayor incorporación de las mujeres a los espacios de negociación. Por otra parte, algunas ideas preconcebidas con respecto a qué podría implicar la participación de las mujeres lleva a que aquellos con capacidad de incidencia vean con reticencia una mayor presencia femenina. Se piensa que un incremento en la participación de las mujeres podría llevar a que determinados asuntos, percibidos como secundarios por quienes en la actualidad lideran los procesos de paz, ocuparan un mayor espacio en las agendas de negociaciones en detrimento de aquellos considerados como centrales: seguridad militar, desarme, territorio. La mesa de negociaciones todavía no es considerada como un lugar adecuado para discutir cuestiones como la equidad de género. -Con la firma de la paz, no acaba el conflicto. ¿Qué pasos hay que seguir? -Cuando culmina un proceso de paz se debería poner en marcha una serie de mecanismos que, basados en los principios de Verdad, Justicia y Reparación, contribuyen a la reconciliación a nivel individual y colectivo. La realización efectiva del derecho a la justicia en el marco de los procesos llamados de ‘justicia transicional’ supone la construcción y/o el fortalecimiento de escenarios formales de justicia para esclarecer la verdad y para definir las formas de reparación. Esto es a veces difícil en contextos en los que la impunidad prevalece fruto de acuerdos políticos que facilitan amnistías o inmunidades para perpetradores de violaciones de derechos humanos. Al contrario, el derecho a la justicia se plasma en el deber del Estado de investigar de manera pronta, imparcial y exhaustiva las violaciones graves a los derechos humanos o al derecho internacional humanitario (DIH). Por su parte, y en su dimensión colectiva, el derecho a la verdad supone el “deber de no olvidar”. En la investigación de la verdad se han desarrollado los denominados "juicios de la verdad" como los realizados en Argentina tendientes a establecer el paradero de los desaparecidos y las “comisiones de la verdad” constituidas para facilitar la transición al estado de derecho en varios países. El objetivo principal de estas comisiones es crear un espacio desprovisto de formalidades en el que tanto víctimas y victimarios puedan reencontrarse y exponer su versión de lo acaecido con miras a la reconciliación nacional. Estos espacios han permitido en algunos casos cierto esclarecimiento de los hechos si bien carecen demasiado a menudo de poderes punitivos y de retribución. Finalmente, y según un principio plenamente reconocido del derecho internacional, toda violación de una norma internacional origina para el Estado responsable la obligación de proporcionar una reparación. En este sentido, el derecho a la reparación debería abarcar todos los daños y perjuicios sufridos por la víctima; e incluiría, por una parte, medidas individuales de reparación relativas y, por otra, medidas de satisfacción de alcance general. En la práctica, la reparación toma las siguientes formas: restitución; indemnización; rehabilitación; satisfacción y garantías de no repetición. Esta cuestión es igualmente de una gran complejidad y debería contemplarse desde los inicios del proceso de justicia transicional. La Escuela de Cultura de Paz en HURI-AGE - ¿Qué motivó a su organización a participar en el proyecto “El tiempo de los derechos” como entidad colaboradora? -Este proyecto representa una oportunidad real para la puesta en común de reflexiones y debates importantes que contribuyan el avance en el cumplimiento de los derechos humanos, tanto en España como a escala internacional. Es también un gran reto colectivo de todos los que trabajamos en este ámbito que nos recuerda que juntos podemos avanzar más y más rápido. El hecho también de abarcar cuestiones como la investigación sobre los Derechos Humanos, la posible incidencia en políticas públicas o la capacidad también de transmitir y comunicar mediante recursos didácticos son cuestiones que responden plenamente a los objetivos que se plantea el Programa de Derechos Humanos de la Escuela de Cultura de Paz (UAB). - ¿Qué aspecto/s destacarían de HURI-AGE? -Para el Programa de Derechos Humanos es muy relevante que HURI-AGE cuente con los principales polos y universidades que llevan a cabo investigación sobre derechos humanos en España. Su estructura dividida en diferentes líneas de investigación permite a la vez tocar los puntos sensibles en derechos humanos en la actualidad. Es interesante igualmente que el proyecto combine tanto la investigación como la divulgación o la sensibilización de esta cuestión con relación a los ciudadanos de este país. -¿Qué esperan de este proyecto? -La oportunidad de abrir una serie de debates conjuntos que nos permitan enriquecer nuestro trabajo en defensa de los derechos humanos; abrir nuevas líneas de investigación y reforzar aquéllas que siguen siendo urgentes en la sociedad – como es el caso de la jurisdicción universal -. -¿Qué creen que puede aportar su organización a HURI-AGE? -En los últimos años nos hemos ido especializando en cuestiones vinculadas al Derecho Internacional Humanitario, a los procesos de justicia transicional a escala internacional (publicando un boletín electrónico bimensual sobre este tema) y al papel del sector privado con respecto a los derechos humanos. -¿Consideran que el programa presta suficiente atención a la cultura de paz? Sí, pero creemos que es importante que los derechos humanos formen una parte inseparable de la cultura de la paz, por lo que es preciso incidir al máximo sobre esta cuestión. La Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona se creó en 1999 con el propósito de trabajar por la cultura de paz, los derechos humanos, el análisis de conflictos y de los procesos de paz, la educación para la paz, el desarme y la prevención de los conflictos armados. Los objetivos de la Escuela son: • Promover la comprensión y la práctica de la cultura de paz. • Investigar e intervenir en temáticas relacionadas con los conflictos, los procesos de paz, la rehabilitación posbélica, el comercio de armas, los derechos humanos, la diplomacia paralela y la educación para la paz. • Formar a personas para que sean capaces de difundir el mensaje y la práctica de la cultura de paz. Enlace : http://escolapau.uab.cat/castellano/index.php El Programa de Derechos Humanos de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona- que colabora en HURI-AGE - realiza un seguimiento de la coyuntura internacional en materia de derechos humanos y en especial de aquellos ámbitos temáticos que actualmente marcan la agenda mundial, como la justicia transicional. Áreas de análisis: . Seguimiento y análisis de los procesos de justicia transicional en el mundo. La justicia transicional pretende dar respuestas, en un delicado equilibrio, al compromiso por la paz y a la necesidad de justicia por los abusos de derechos humanos cometidos durante un conflicto o un régimen no democrático. . Análisis y seguimiento de la coyuntura internacional en materia de derechos humanos a partir del seguimiento de más de 30 fuentes de información, entre ellas organismos intergubernamentales y ONG, y la elaboración de indicadores específicos. Este seguimiento se realiza, en parte, a través de la participación en las publicaciones elaboradas por el Programa de Conflictos y Construcción de Paz. Empresa y Derechos Humanos: Desde el Programa de Derechos Humanos se lleva a cabo un seguimiento de esta cuestión, a escala nacional e internacional, con especial énfasis en el sector de las industrias extractivas. Publicaciones:
• Boletín de Justicia Transicional. Este boletín recoge las noticias de actualidad relativas a los procesos abiertos por los Estados que han sufrido un conflicto armado y que tienen como objetivo gestionar los abusos del pasado y construir la paz. • Derechos humanos en el Barómetro. Este boletín trimestral recoge los acontecimientos que se han producido a lo largo del trimestre en materia de derechos humanos y justicia transicional e incorpora el análisis temático de un aspecto concreto considerado de especial importancia durante el trimestre. • Semáforo de Derechos Humanos. En este boletín mensual en castellano se recogen todas las noticias en materia de derechos humanos publicadas en el Semáforo que elabora el Programa de Conflictos y Construcción de Paz.
|


