Mapa Web Contactar

Inicio
English (United Kingdom)Español (spanish formal Internacional)
 
Entrevista a Mario G. Losano PDF Print E-mail

 

Entrevista a Mario G. Losano

“En los Estados europeos estamos asistiendo a una verdadera deconstrucción de los derechos sociales”

Entrevista-En el seminario que ha impartido en el Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, se ha ocupado de la penetración del Derecho europeo en Turquía y Japón. ¿Cómo ve el futuro en relación con este tipo de transferencias? ¿Seguimos viviendo en la época de la occidentalización del Derecho mundial, o cree que se producirán otro tipo de fenómenos?

-Con respecto al siglo XIX, la occidentalización ya se ha cumplido de hecho, aunque sea en grado diverso en las distintas áreas geográficas. En la occidentalización del derecho –que es el área de la que más me he ocupado– veo que se perfilan dos fenómenos.

Por un lado la homogeniezación jurídica, es decir, el acercamiento entre los sistemas fundados sobre el precedente jurisprudencial y los sistemas fundados sobre los códigos: de hecho, los Estados de Common Law recurren cada vez más a la legislación, mientras que los Estados de Civil Law, es decir, de derecho codificado, cada vez presentan áreas más vastas de derecho jurisprudencial: basta pensar en el derecho del trabajo o en el constitucional.

Por otro lado, las áreas de derecho islámico que parecían occidentalizadas no sólo están resistiendo, sino que, además, están regresando a la tradición.

-Uno de los temas que más ha tratado es el de los sistemas jurídicos europeos y extraeuropeos. ¿Cree que los derechos humanos -una conquista europea- pueden adaptarse en otros sistemas jurídicos diferentes? ¿Es deseable?

-Sería deseable que los derechos humanos y, en particular, los derechos sociales, fuesen aceptados y realizados en todos los Estados. Sin embargo, la aceptación y aplicación de estos derechos fundamentales es difícil porque son el fruto de una evolución específica de Europa, con sus características culturales, religiosas y económicas.

En Asia Oriental, por ejemplo, el concepto de armonía en el interior del grupo todavía no ha cedido el paso a la centralidad del individuo: por lo tanto, se considera reprobable hacer valer el propio derecho individual por encima del interés del grupo.

Hoy, además, surge otro impedimento: los derechos fundamentales cuestan y la crisis económica obstaculiza su realización. La crisis es también una óptima excusa para retrasar o detener su aplicación allí donde éstos ya existen. En los Estados europeos estamos asistiendo a una verdadera deconstrucción de los derechos sociales.

-¿Cómo ve el futuro de la informática jurídica? ¿Cuáles son sus perspectivas más destacables?

-El futuro de la informática jurídica ya ha comenzado: si acaso, son nuestras facultades de derecho las que continúan viendo como futuro lo que, sin embargo, ya es presente. En el mundo del derecho –desde la documentación para la actividad judicial hasta las pesquisas policiales– ya no puede pensarse en una actividad que no se base en la informática. Por eso peleé en Italia para fundar un curso trienal de informática jurídica.

Hoy en día, un abogado sin una sólida preparación informática está en condiciones de inferioridad en un número, cada vez más grande, de debates judiciales porque no sabe cómo aportar sus pruebas y cómo valorar las ajenas, ya que hoy las pruebas se sacan casi siempre de un ordenador de alguna de las partes procesales. Y lo mismo vale para los jueces. Ya existe una disciplina –la computer forensics– que se ocupa de cómo proporcionar acceso a los ordenadores sin alterar el contexto del que se extraen las pruebas. Sólo así, en efecto, las pruebas aportadas en el juicio resultan inimpugnables.

-Por su trayectoria intelectual, conoce bien la filosofía jurídica de Europa y América Latina. ¿Cuáles son sus diferencias, si las hay, y cuáles cree que son las perspectivas de desarrollo de ésta en ambos marcos?

-Si tuviese tres volúmenes para responder, intentaría hacerlo: y quizá así llegase a la conclusión de que la filosofía del derecho ha sido –y en gran medida continúa siéndolo– un trasplante de Europa al resto de continentes. Nuestra filosofía del derecho, en efecto, nació como rama de los sistemas filosóficos generales propios de la tradición europea, por ejemplo, de la alemana. Por lo tanto, podían ser exportados a Estados que tuviesen una infraestructura jurídica y una tradición cultural similar a la europea.

Para mí, América Latina es “el otro occidente”, del que retomó y difundió la lengua, la religión, la cultura, el derecho. Lo que preveo es que empiece y que tome cada vez más fuerza, también, un movimiento de retorno de las ideas (no sólo iusfilosóficas) desde América Latina a Europa.

Por ejemplo, en el prefacio a un libro de Norberto Bobbio he ilustrado cómo su paso desde la concepción del derecho como estructura (de derivación kelseniana) a la función del derecho nació gracias a la influencia de un filósofo argentino, Genaro Carrió.

Por otra parte, auguro que los sudamericanos se volverán cada vez más conscientes de su propia historia cultural y de sus propias raíces y que dedicarán, también, a esta parte de la historia de las ideas la atención que merece.

-La filosofía del Derecho es una disciplina extraordinariamente grande. Uno de los campos que más ha cultivado es la historia del pensamiento jurídico. ¿Qué papel le otorga? ¿Considera que sigue siendo importante cultivarla?

-Para ser precisos, me interesa la historia del pensamiento jurídico como parte de la evolución cultural de una nación o un continente. Es decir, que considero el derecho como parte de la cultura general. Desde este enfoque, estudiar la evolución del derecho y de las ideas que lo acompañan permite comprender mejor las situaciones actuales. No debemos olvidar que los dos productos culturales exportados universalmente desde Europa son las lenguas y el derecho. Seguir la circulación de las ideas jurídicas (en el sentido amplio ilustrado antes) sirve para explicar por qué la realidad presente de un Estado tiene una forma concreta y no otra. Permite comprender qué ha sido recibido y qué otras cosas, sin embargo, no podían ser recibidas por ser socialmente extrañas.

Desde este punto de vista, es ejemplar la historia de la modernización del derecho otomano y después turco; y, precisamente, por esta razón he dedicado a ésta una parte del seminario, contraponiéndola con la mejor lograda asimilación japonesa del derecho europeo continental.

-La política italiana actual es ciertamente preocupante en relación con la democracia. ¿Cómo valora la situación y qué vías de futuro considera  que pueden darse?

-Me esperaba un dulcis in fundo; pero no: in cauda venenum! Es difícil responder en pocas líneas a una pregunta no sólo compleja, sino, también, dramática. Además del conflicto de intereses que representa el hecho de que una persona actúe como Presidente del Consiglio y como propietario de tres canales televisivos privados, me preocupa la pretensión de impunidad y, por lo tanto, el ataque a la magistratura que viene produciéndose de manera ininterrumpida desde hace años.

Un proyecto de ley (ahora en discusión en medio de protestas generales) propone reducir al mínimo la interceptación de comunicaciones, castigar con la cárcel a los periodistas que hablen de ellas e, incluso, multar a los editores de sus periódicos con sumas de hasta medio millón de euros.

Sobre estas medidas ha intervenido, precisamente hace pocos días,  (el 22 de mayo es cuando los diarios informan) el Secretario de Estado de Justicia de Estados Unidos, Lanny Breuer: “no desearíamos que sucediese algo que impidiera a los magistrados italianos hacer el óptimo trabajo desarrollado hasta ahora: las interceptaciones han sido un instrumento esencial para las investigaciones”. Una bienvenida y cauta injerencia en los asuntos internos de Italia.

Breuer estaba de visita en Italia porque el 23 de mayo se celebra el aniversario del asesinato del juez Falcone y sus escoltas, que sufrieron un atentado de la mafia el 23 de mayo de 1992 con media tonelada de explosivo. También “La Stampa” de Turín dedica una página entera al proyecto de ley, con el título: “Mafia, esto nunca lo habrían sabido ustedes – he aquí todas las partes de un artículo sobre los boss que la nueva ley nos obligaría a eliminar”. Las frases subrayadas en amarillo (es decir, las que deberían ser eliminadas) representan un buen tercio de la página entera.

Sobran los comentarios; una previsión sobre el futuro de la política italiana es imposible, pero, desde luego,  no es rosa.